La Cavalieri: Junio, 6 de 1994 (escrito para la viejita mía...)
Canto de pájaros
Surco abierto…
Tras un estallido de llanto, nací latente en tus brazos
Calor y risas me diste entonces
Mamé savia de tus hierbas,
Caminé pensando en encontrarte
Y en el tiempo, con la inmensidad del alba, te encontré…
Fue mirarme en la distancia
Fue perderme en el placer innato de poseerte
Entraste en mis manos y te consideré perpetua
¿Cómo pudo el cielo crearte tan perfecta dije?
Sos plegaria Madre…
Sos el verde descanso de mi mente
Sos mi tiempo, mis risas y mis llantos…
Sos cuna tibia y costas anchas
Sos de mí ser, el sabio y necesario canto…
* Entender los roles que nos tocó, no fue fácil, pero tampoco imposible…
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Al maestro con cariño: 13 de Febrero de 1995 (escrito para el viejito mío, siguiendo la esencia del anterior...)
Dibujaron un surco en el campo y naciste.
Amamantado de quebrachos.
Abrigado en algodonales.
Los años te hicieron hombre fuerte,
Hombre culto e inteligente… hombre de mundo
Amansaste todas las rutas
Tangos en la garganta y piernas llenas de historias
Las tizas y el Chaco, te llamaron “El Maestro: Diego Bocos”…
Me diste un mundo remendado por tus manos,
Te di mocos, pucheros y enojos…
Me diste tarros con vino blanco,
Te di sandía y tierra en mis zapatos…
Me diste panzas llenas,
Te di mi mejor sonrisa…
Fueron años de reflejarme en tus ojos
Para ver más allá de las miradas,
De caminar adentro de tus pasos
Para llegar más rápido…
Inmenso, sombra, piel y canto
Tierra fértil para los sentimientos más sentidos
Llanto y risas mezclados con vientos norte y calores secos
Frente quebrada por medio siglo de inviernos…
Papá, pá, viejo, gordito, maestro… gracias.
* A la sangre que dejaste en mí, y a lo que se te escapó de las manos…